20.2.16

Lo escrito, lo dicho

Al final, en el cuarto planeta encuentras lo que todo el tiempo estuvo presente.
La poesía que te estuvo persiguiendo el día entero.
El día no era nuevo, el día ya estaba escrito en otro sitio desde hace muchas coincidencias.
La hipótesis que representó tu nombre durante muchos años ahora quiere perpetuarse en la piel diariamente.
El poema sigue escribiéndose, con prosas accidentadas. 
La fragilidad de un mensaje, la sorpresa de entenderlo cinco minutos después y comprender la fuerza que representan las respuestas acerca de lo que en un primer planeta habíamos escuchado hace ya tantas casualidades atrás.
Creer que leemos con claridad el mensaje que recibíamos en la pubertad ahora resulta arrogante.  Ahora es cuando necesitamos confundirnos para no perecer dentro de nuestra propia arqueología.
Disolvamos el presente en el alcohol, que el pensamiento se lo lleve el humo de un tabaco y que se guarden nuestras conversaciones en grabadoras ambulantes.

Guardar lo escrito para intentar que sea la vida la que nos encuentre, y descubrir que lo único que buscábamos furtivamente era la poesía que siempre nos acompañó.