28.7.14

Torrente


Bajo la lluvia
El espíritu grita
Y dibuja sobre un soporte caliente
Cincela hilos verdes

Árboles moviéndose al viento
Hablando historias oscuras.

Llama encendida por tu voz
Fuego buscando tu piel
El relámpago suave

El suave abrazo
El perfume de las palabras
Que nos arrastran
Al abismo de la memoria

14.7.14

Los Quereres


Cuando se me pidió escribir sobre Quereres mi mente se puso a trabajar, recorriendo cualquier cantidad de recovecos para encontrar un relato pertinente. Terminé observando una gama cromática de Quereres, cual catálogo  de ideologías. Así que no quedó más remedio que recorrer una pequeña línea personal de mi propio tiempo, con total subjetividad.
Recordé que los Quereres al principio fueron los que tenían que ser: los Afectos. Así nada más, personajes que nos aparecieron de repente a los que quisimos porque sí. Y de esta manera simplemente nos dedicábamos al mínimo oficio de ser, con los Quereres con los que nacimos.
Pero permanecimos siendo nada más por poco tiempo, hasta que aparecieron otros personajes que llamaré Contextos, por ponerles un nombre a todas aquellas entidades fuera de nosotros, quienes nos susurran que no siempre habrá  Quereres, sino que también careceremos de ellos tarde o temprano. Los Contextos además se valen del mejor equipo de publirrelacionistas que mediante voces artificiosas nos dicen de forma masiva lo que hay que querer, con la amenaza de que  si no lo conseguimos, nos van a dejar de querer. Pueden llamarle  “educación”, otras veces “publicidad”, y cuando ya no encontramos la procedencia de tantas voces de los Contextos, decimos que es “cultura”. 
Entonces nuestros inocentes Quereres se van sofisticando hasta ser irreconocibles.
Al principio nuestros Afectos nos quitaban la preocupación de los Quereres, nos dieron lo que necesitábamos y ni siquiera precisábamos de la construcción de palabras para hacerlo saber.  Después quisimos jugar, y ya no dejamos de hacerlo. Entonces comenzamos el arriesgado juego de desear y nuestros Quereres ya no existían porque sí; ahora había que procurárnoslos.

Los Contextos nos mostraron utopías y aspiraciones de todo tipo. Los propósitos, las metas, las personas, la omnipresente política y todo aquello que nos convirtió en cazadores de objetivos, pues esos serían nuestros Quereres para toda la vida. A veces conocemos perfectamente nuestros Quereres desde temprana edad; otras veces nos llevamos toda una vida en saber lo que queremos.  Los mentados Quereres se convierten en objetos suntuarios  que hay que poseer a toda costa.
Los Quereres nos pueden arrebatar la voluntad. Terminamos queriendo demasiado. Queremos poseernos; raramente se trata simplemente de querernos. Nos llenamos de mapas en los que trazamos rutas intrincadas hacia nuestros Quereres. Los pensamos, los analizamos, los acariciamos, los dejamos crecer y hasta cruzamos el océano en su búsqueda, regresando con un grueso registro de experiencias y paisajes, aunque los Quereres hayan terminado sepultados entre mármoles y artes. 
Los Contextos dicen que todo es culpa de la posmodernidad.  Pero son los Quereres los que han llegado a forjar sociedades enteras. Nos vuelven ogros sanguinarios en su defensa y dóciles corderos en su convivencia. Guardamos luto por nuestros Afectos; por los Quereres de los demás únicamente otorgamos el sentido pésame.  Hay trágicas ocasiones en que tenemos que echar mano del doloroso negocio de dejar de querer, para ir en pos de una desdibujada promesa de seguir queriendo.
Consumimos Quereres para obtener Quereres. Creemos que los manuales para querer están en el cine, en los libros, en la poesía, en las conversaciones o en la experiencia ajena. Probablemente tenemos al maestro delante del espejo, y  a pesar de que cada vez se va deteriorando más,  tratamos de adularlo con los trofeos que va consiguiendo en el camino. Si lo tomamos demasiado en serio puede volverse un tirano.  Si aprendemos de él, nos puede hacer divertido el trámite para seguir obteniendo Quereres. Este trámite consiste en sendas cartas románticas, producciones personales en computadoras, lienzos, papeles o vil y vulgar burocracia o rituales que Los Contextos nos obligan a generar.
Los Contextos nos van a seguir llenando de confusiones siempre. Algunos Afectos se volverán grisáceos con el tiempo, o los transformamos en negros odios inconscientes. Están aquellos Afectos que simplemente aparecieron y se han quedado. Nos alegran la existencia.  Otros Quereres que surgen y se nos desnudan en toda su belleza, nos llenan de erotismo y enriquecen nuestra memoria, con la esperanza de que sean parte de nuestros Afectos eternos.
Sí. Sorpresivamente encontramos que los Quereres no han sido sólo personas. En nuestra finitud nos relatamos y nos llegamos a creer la idea de que cuando los espejos dejen de reflejarnos, vaya a quedar tatuada en nuestros Quereres y, por sobre todo, una variopinta historia de Amor.
Tanya González Frausto
Photohistotecta 
Publicación para  el portal "Es lo Cotidiano" del 14 de febrero de 2014
Link:  http://www.eslocotidiano.com/articulo/quereres/quereres/20140214212201007652.html