Esta vez no logré convertir tus miradas en poesía,
Pues la poesía llegó con ellas.
Con el aroma del arte que se combinó
Con el aroma del viento
Que mi nariz no percibe pero que mi piel ambiciona.
La embriaguez no llegó con el alcohol sino a través de líneas que trazan rutas hacia miles de destinos dirigidos hacia jardines colgantes en la perdición.
Todas las ciudades se convierten en una sola, donde conviven nuestras deconstrucciones.
La música huele al café de la mañana, a la tarde lluviosa.
La confusión es la que mejor me ha revelado tus secretos.
Los silencios son tu paradoja.
Tu presencia es una negación.
Las semanas se convirtieron en vidas completas que giran vertiginosamente.
La muerte no fue el final sino la puerta de infinitas resurrecciones.
Cuando los giros paran volteo a mi siniestra y veo un hombro parado junto al mío y observo una pantalla en blanco para que yo la ilumine con imágenes de nuevo.
Los símbolos son los pasajeros dentro un vagón insistente que se transportan en un tren a punto de estrellarse.
Pero si se estrella, ¿qué más da? Ahí estarás de pié observando cínicamente los pedazos.
Sin embargo, si la tormenta se calma…
Ten por seguro que yo…