30.4.09

Creaturas historiográficas


Los libros son como bestias imborrables.

Algunas de estas bestias son extrañas, son enigmáticas y se resisten a ser domadas pero al mismo tiempo piden a gritos ser leídas. Son de cualquier tamaño y su distinción cabalga en sus lomos.

Un volumen de larga y compleja lectura es difícil de saborear, mientras que un buen libro nos puede devorar a nosotros.

Hace mucho que alguna de estas bestias no me devora, si acaso me muerde el espíritu por algunos instantes.

Al introducirse en las fauces de la bestia se haya uno de frente con un laberinto rodeado de letras y metatextos. ¿Qué compraré de ese almacén enorme?¿Lo que me muestra o lo que hay tras bambalinas?¿Lo que se escribió hace más de cien, doscientos, quinientos años o lo que quiere que yo le encuentre de interesante ahora?

Sobre mi escritorio una bestia calla, otra habla en voz baja, otras más duermen en rincones siniestros que encontraron por sí mismas en un universo desordenado.

Otras buscan recovecos en los que me está vetado el acceso. Yo simplemente observo como caminan apresuradamente buscando colisiones. Sin embargo sufren, ¿qué no era eso lo que querían?

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Por momentos he logrado comprender mi propio tiempo. Es un tiempo al que le sobran alas grisáceas y policromadas para volar hacia todos los confines del mundo y dentro de cada uno de nosotros. Es un tiempo en el que se descubrió el amor en ninguna parte, pero que a su vez dejó su representación en todos los rincones. Se reprodujeron las imágenes, nos reprodujimos nosotros. Ahora somos largos textos escritos en brevedades máximas y olvidados dentro de la misma brevedad para que a su vez seamos referenciados en alguna charla efímera. El Caronte viaja hoy en barcas electrónicas.

Ahora la historia total no es mas que una utopía que al haberse hecho tangible por unos segundos fue destruida sin que nadie la viera. Muchos la niegan, pero bien pudo haberse materializado. Se convirtió en una leyenda, quizá para no arrebatarle el crédito a sus autores y quizá para alargar en algo la duración de esa brevedad que nos diluye sin haberla escuchado. Se volvió una gitana vieja que nos lee el futuro con precisión, pero que se oculta en su propia cautela. Se tornó en un universo paralelo e igual de desordenado que mi espacio donde yacen cinco mil bestias sin que aquello se convierta aun en un cementerio. Esperan ser despertadas en el momento pertinente. Esperan decirme algo contundente. Yo espero maldita sea que me lo digan también.