Fuerte como un huracán
Asfixiante como el último aliento
Frágil como la permanencia
Hermoso como mis fantasías
Evanescente como las nubes avainilladas
Intenso como un suspiro en la noche.
Una playa desierta emerge sobre el mar
donde yacen dos cuerpos abatidos por sus propias tempestades
pero dispuestos a seguir derribándose y erguirse todas las veces que sean necesarias.
El viento embriaga
Las olas adormecen
Sus ojos se cierran
Sus bocas se abren
Quieren continuar sintiendo, hoy más que nunca.
El quiere cantar, ella quiere observarlo
La calma arrecia
El rompecabezas se recompone
Todo queda inmerso en la expectación.
La expectación formará un lienzo enorme
que se trazará con estructuras rotas que han removido sus cimientos.
Un castillo en el mar, con miles de habitaciones que cantan, que llaman.
Mientras sus moradores contemplan desde las azoteas todo lo que nada, vuela o se arrastra alrededor de ellos.
Todo lo que invariablemente seguirá sorprendiéndolos.