Algunos años atrás comenzaron a hacerlo y cada vez gozaban más encañonando una angustia silenciosa.
Entre las penumbras hacían incisiones en la mente.
me recordaban tantos vacíos profundos
tantos viajes solitarios en que a las habitaciones tienden a sobrarles camas.
Evidentemente era mi imaginación si creía que ya se habían ido.
Me distrajeron unos golpes en la puerta acompañados de tu voz que no percibía porque aquellas criaturas me ahogaban.
Fue cuestión de instantes
para que los demonios salieran huyendo antes de ser descubiertos.
Se dice que fueron hallados muertos más tarde y enterrados en el Père Lachaise,
El aire iba adentrándose poco a poco
Tenía que contártelo pues había que asegurarse de que aquello no sucedería más.
Me escuchaste dentro del paréntesis más tierno de la historia de tus manías
que se ocupó por un coro protector de murmullos, de caricias, de breves éxtasis
y de un teléfono que sonó largamente
sin querer atenderlo.
Horas después un avión atravezaba el océano
contrabandeando un pesado cargamento de memorias curativas.
Ahora duermo siempre con ellas.
Siguen ocupando un gran espacio en la habitación,
resultaron efectivas.
Redimen la amplitud
y me cuentan historias envueltas en penumbras
que no volverán a corromperse sin importar la vacuidad del espacio.