
Los bocetos de esta historia comenzaron a calcarse a través de un cristal hace varios años.
Yo los tiraba a la basura creyéndolos intrascendentes,
mientras las imágenes aparecían constantemente rodeadas de palabras de mi
interés pero que por incomodidad me negaba a atender.
Tú recababas información que yo desconocía para plasmar letras cinceladas en la inteligencia.
El lienzo y los pinceles de luz comenzaron a trabajar por su cuenta mucho antes sin presagiar que
la fecha y hora en que el papel y las luces se encontraron resultaban de manera inexplicablemente exacta.
Mi predisposición seguía obligándome a la ignorancia.
El lienzo no esperó más, y tus páginas se habían llenado de palabaras mucho antes sin que yo me diera cuenta.
La espera de algo carente de importancia me parecía inútil,
pero la sorpresa que no contemplaba hizo todo lo demás a un lado.
La textura citadina y el inevitable transcurrir de los acontecimientos delinearon el paisaje.
De nuevo acechaba la sorpresa constante mezclada con tu mirada insistente.
Mis preguntas fueron efímeras al tener respuestas tangibles.
Los colores se añadían y se mezclaban sabiendo que eran los correctos.
Todo era fiesta, todo era poesía lleno de sonrisas espontáneas y la autenticidad le dio forma a las perspectivas sobre la emulsión.
La cercanía se hizo indispensable.
Los espacios vacíos se llenaban por momentos valiosos.
Al pretender escribir en tus páginas tú decidiste pintar sobre mi lienzo.
Muchos miraron curiosos nuestras obras durante largos meses.
Aún continúo pintando sobre el lienzo y espero que sigas escribiendo sobre nuestra historia.
Quisiera sorprenderme de nuevo todos los días apreciando tu literatura.
Los mapas aún no señalan la calle en que se editan todas esas maravillas ilustradas por mis imágenes, pero tú y yo sabemos muy bien en qué lugar se construyó.
Yo los tiraba a la basura creyéndolos intrascendentes,
mientras las imágenes aparecían constantemente rodeadas de palabras de mi
interés pero que por incomodidad me negaba a atender.
Tú recababas información que yo desconocía para plasmar letras cinceladas en la inteligencia.
El lienzo y los pinceles de luz comenzaron a trabajar por su cuenta mucho antes sin presagiar que
la fecha y hora en que el papel y las luces se encontraron resultaban de manera inexplicablemente exacta.
Mi predisposición seguía obligándome a la ignorancia.
El lienzo no esperó más, y tus páginas se habían llenado de palabaras mucho antes sin que yo me diera cuenta.
La espera de algo carente de importancia me parecía inútil,
pero la sorpresa que no contemplaba hizo todo lo demás a un lado.
La textura citadina y el inevitable transcurrir de los acontecimientos delinearon el paisaje.
De nuevo acechaba la sorpresa constante mezclada con tu mirada insistente.
Mis preguntas fueron efímeras al tener respuestas tangibles.
Los colores se añadían y se mezclaban sabiendo que eran los correctos.
Todo era fiesta, todo era poesía lleno de sonrisas espontáneas y la autenticidad le dio forma a las perspectivas sobre la emulsión.
La cercanía se hizo indispensable.
Los espacios vacíos se llenaban por momentos valiosos.
Al pretender escribir en tus páginas tú decidiste pintar sobre mi lienzo.
Muchos miraron curiosos nuestras obras durante largos meses.
Aún continúo pintando sobre el lienzo y espero que sigas escribiendo sobre nuestra historia.
Quisiera sorprenderme de nuevo todos los días apreciando tu literatura.
Los mapas aún no señalan la calle en que se editan todas esas maravillas ilustradas por mis imágenes, pero tú y yo sabemos muy bien en qué lugar se construyó.