
PARIS URBANO
(Cédula principal de la expo "Paris Urbano")
(Cédula principal de la expo "Paris Urbano")
Existe un París distinto dentro de cada uno de nosotros. Nadie individualmente podría retratarlos todos. Aquí están, mediante blancos, negros y grises algunos de sus testigos primarios y constantes, elementos paisajísticos cuyo único defecto, es que sean tan silentes y callen sus remembranzas. Herrerías que sienten a quienes padecen París y liberan sus almas por los balcones. Miradas encerradas en cuerpos de bronce que no descansan de ser vistos permanentemente, pero...¿a quiénes contemplan ellas? Vagabundos que hacen de las calles su feudo y de la indiferencia de los súbditos un lujo. De aquellos espacios móviles o estáticos que contienen a habitantes sobre y por debajo de la tierra, artistas, comerciantes, ambulantes o deambulantes, personas en constante movimiento que sorpresivamente, lo pierden al ingresar a un vagón y comenzar un callado juego de espionaje mutuo. Hay más de un París en la realidad, de enormes contrastes y aquellas transiciones entre el subsuelo y el paramento lo hacen aún más evidente. Existe un París emergente que establece una clara distancia formal con el de siempre, más de concretos, más de pieles vítreas contemporáneas, más de metal y de vistas verticales.
Me considero miembro de quienes ven hacia arriba constantemente, perseguimos las fugas de los edificios coronados de mansardas y no encontramos el límite a nuestras ideas y de quienes matamos las bajas temperaturas dentro de los cafés de un Barrio Latino percibiendo murmullos nebulosos. El París romántico es preferible dejárselo a los románticos y encerrarlo en sus buhardillas. El carácter de la ciudad va más allá. Hay una multiplicidad de mensajes por segundo, cuyas voces exteriores hay que enmudecer, para que algunos de ellos puedan ser recibidos.
No debemos omitir que París es la capital de un país colmado de cultura y de tradiciones, Francia hoy en día incluye ciudades que mantienen una competencia paralela por el atractivo global. Arles es una ciudad demasiado pequeña comparada con su extensión histórica, que utiliza su colosal anfiteatro romano para eventos taurinos que otros preferimos darles la vuelta. Una entidad donde el tiempo parece descansar sobre sus muros haciéndose perpetuo. Por el contrario, Nimes se encuentra muy cerca pero distante en similitud, a ella le pertenecen jardines y senderos que se asemejan al sendero vital de nuestra mente y donde se pueden realizar pausas para sentarse y observar. Ahí Norman Foster acaba de dejar su huella entre historias arquitectónicas.
Existe un París distinto dentro de cada uno de nosotros.
Para Carlos V no era una ciudad, sino un mundo, A Enrique de Navarra le valió una misa (“París vaut bien une messe”), le valió una conversión religiosa y le valió un trono. Patrick Suskind lo poseía dentro de su nariz. Describía un París decadente en El Perfume, pero marcado por los olores. Eugène Atget lo utilizó como una herramienta de trabajo aún más importante que su propia cámara fotográfica y convirtió el producto de esta labor en el testimonio fotográfico más importante de su época sobre imagen urbana en París. Aquí Napoleón trabajó su imperio y lo impregnó de esta esencia de poder y monumentalidad. La Belle Epoque en este lugar pintó el mundo de impresionismo e impresionistas. Muchos nombres se han hecho célebres gracias a Paris, y a su vez, lo han hecho trascendental. Parisinos o no, franceses o no. Personajes que la habitan, en autoría o en presencia. En ningún momento sus tragedias, si es que fueron grandes menoscabaron la ciudad, al contrario, la hicieron grande.
Hoy podemos admirar el París que alguna vez fue de el Barón Haussmann, de André Le Nôtre, de Tony Garnier, de François Mansard, que hoy es de I. M. Pei, de Renzo Piano, o de Jean Nouvel, entre una interminable enumeración de arquitectos y urbanistas, ellos no se callaron su París Interno, ellos además lo hicieron nuestro.
Son ya innumerables las listas de todo tipo relacionadas con París, e infinito el número de nombres en cada una. Todos hemos escuchado de quienes la han hecho su refugio, o su escenario de gloria. De quienes la muerte los encontró ahí por voluntad propia o por otros designios. Están quienes cuentan historias que recuerdan amablemente y otros que optan por olvidarlas.
Existe un París distinto dentro de cada uno de nosotros. El respirar ahí, habitar ó incluso cohabitar, percibir su cultura que marcha agigantadamente a la pluralidad, caminar y capturar imágenes cotidianas, es solamente, verlo más de cerca.


