
Los pulsos armónicos de Philip Glass
Este 11 de Octubre, la armonía se apoderó de la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Bajo la constelación de Orión, Philip Glass encontró la forma de armonizar nacionalidades distintas, de resonancias e instrumentos diferentes. Solamente un genio dedicado más de cuarenta años a conocerlas logra esta reinterpretación pluricultural. Produce además esa concordia con la audiencia, después con el cosmos, y de paso con nosotros mismos. Glass supuso que todos mirábamos al cielo para componer esta sinfonía universal. En realidad no todos lo hacen, las luces citadinas lo impiden cada vez más. Pero es un hecho que esos tres reyes magos celestes permanecen sobre nuestras cabezas.
La llegada a Latinoamérica de los noventa y cinco minutos de Orión ha tenido lugar en Guanajuato.
El nativo de Maryland al terminar sus estudios profesionales, inicia su búsqueda de sonidos por el mundo. Así fue como conoció a los músicos que esta noche lo acompañaron. La obra fue realizada para las Olimpiadas de Atenas, y éste fue el pretexto perfecto para reunir a Australia, China, Canadá, Gambia, Brasil, India y Grecia arropados por su música.
Al gambés Foday Musa Suso, un historiador del pueblo mandingo (un mandingo griot), lo conoció en Chicago, donde el después compositor minimalista estudiaba matemáticas y filosofía. Suso ejecutaría el nyanyer y el kora, un instrumento con veintiún cuerdas. La cantante griega Eleftheria Arvanitaki, es ya toda una celebridad en Grecia. Su talento vocal fue atestiguado en el ocaso de la pieza. El dinamismo y la juventud arrebatadores estuvieron a cargo del violinista canadiense Ashley MacIsaac, oriundo de Nueva Escocia. Un personaje zurdo. Un punk, cuyo atuendo consistía en una camiseta blanca sin mangas y una falda escocesa. Philip Glass supo de su existencia cuando MacIsaac tenía apenas diecisiete años y lo llevó como solista a la obra teatral Woyzeck. Un didjeridu, la madre de todas las flautas, emitió sus retumbos bajo el aliento de Mark Atkins, un artista aborigen de Australia, que co-escribió un trabajo llamado “Voices” con Glass. La china Wu Man, con su pipa de cuatro cuerdas, similar al laúd, hipnotiza con su interpretación. El grupo brasileño Uakti, ofreció una lección de creatividad. Cualquier cosa puede producir sonido para Paulo Sérgio dos Santos, Arturo Andrés Ribeiro, Décio de Souza Ramos Filo y su director musical e inventor de los instrumentos Marco Antonio Guimaraes, quienes transformaron el PVC que usamos para las tuberías de desagüe, en música: audífonos, utensilios giratorios mediante baquetas o marimbas. Un viejo maestro del sitar, Ravi Shankar, de la India, ha comisionado a su alumno Kartik Sashadri para intervenir con su virtuosismo en escena. Todos ellos incluido el mismísimo Philip Glass, atienden al director del ensamble Michael Riesman.
El día anterior, en el salón de actos de la Facultad de Derecho, tiene lugar la conferencia magistral. Ramón Montes de Oca hace la presentación del omnívoro compositor, quien describe su obra.
Para la composición de Orión, el autor recurrió en ocasiones a plenas realizaciones compuestas y en otras, a melodías tradicionales de cada pueblo.
A un año de distancia de los juegos olímpicos, esta es su tercera gira. Gracias a la aceptación del público, que ha perpetuado lo que se planeó para representarse una sola vez. Los músicos han gozado enormemente al tener varias oportunidades posteriores de trabajar juntos de nuevo.
La estructura de la composición es una serie de colaboraciones entre estos siete músicos mencionados. En interludios actúan como solistas, o como dúos. Aquella colaboración entre el didjeridu de Atkins y la pipa de Man, es sin duda la primera vez en la historia que sucede. Posteriormente la ejecución de gaitas y violín, seguida por la percusión de Brasil.
Se puede decir que estos duetos son las ejecuciones y relaciones de los músicos mismos, lo que Glass en realidad hizo, fue organizar las condiciones para que esto se diera.
El norteamericano no sabe explicar con palabras exactas cómo es su proceso creativo. “Mi formación básica, se centra en la tradición europea de la música de concierto: Bach, Mozart y todos esos cuates. Estudiar esa música forma parte de que los compositores aprendamos su lenguaje, y somos muy afortunados de tener como maestros a esos tipos, que además estuvieron por aquí hace ya cientos de años”.
Reitera que le ha servido el haber trabajado solo durante muchos años, que no es fácil. Ha tenido que perfeccionar sus niveles de concentración, de atestiguar lo que hay en el mundo. En ocasiones ya no recuerda que hacer, pero vuelve a sus borradores: número de pieza y número de página para ver lo que hizo y encontrar la nota exacta. Se trata de trabajar aún en las condiciones más adversas.
La diferenciación entre el oriente y el occidente musical las encuentra en el ritmo y la armonía. Hay una manera de escuchar las combinaciones rítmicas. “En occidente, los aspectos técnicos han tomado años dedicados a este estudio, que en realidad no sirven de nada. En la música no-occidental que conozco, se divide el tiempo en pulsos, entonces podemos hablar en términos aditivos para darle sentido al tiempo, mientras que los compases occidentales se dividen en fracciones. En música africana y oriental hay unidades de 16 pulsos, de 4 en 4 ó de 3 en 3, grupos de 15, 12 ó 7, según su manera de organizarse. De manera que he aprendido a combinar las notas con los pulsos. En la tradición hindú, la estructura de los pulsos se llama Tao y con este procedimiento empecé a trabajar con Ravi Shankar”.
A continuación el maestro Glass es cuestionado acerca de México y Latinoamérica. Él considera que la cultura mexicana tiene mucha energía. Hay otra dimensión en la música mexicana que es la música indígena.
Opina que los problemas en México son similares a Estados Unidos, en el sentido de que no existe un financiamiento para jóvenes compositores, sin embargo, existe un grupo muy fuerte de personas que componen, tratando de salir adelante. Cuando hay un compromiso con el trabajo se encuentra una forma de realizarlo, y él encuentra ese empeño aquí. “Las flores de invernadero, en realidad no crecen bien”.
También lamenta el hecho de que en su país se han perdido muchos talentos que no lograron ser conocidos.
Philip ha escrito una sinfonía inspirada en el sur de Estados unidos y Latinoamérica.
También relató que cuando trabajaba en Perú cerca de las montañas escuchó un grupo cuyo sonido lo desconcertaba. Sus instrumentos se encontraban rotos, pero tocaban. Sin embargo, la música le interesaba. Trató de imaginar cómo sonaría esa música con buenos instrumentos y compuso una pieza, pero no sabe si el resultado tenga algo que ver con ellos. Esta composición aparece en una película.
En realidad, su relación con la música indígena es escasa y muy personal. Confesó que ni siquiera debería de estar hablando de ella. Está basada en su conocimiento imperfecto, pero ahí está.
En cuanto a los cuantiosos trabajos musicales que ha confeccionado para muy diversos géneros artísticos, explica a grandes rasgos su manera de trabajar. En Hollywood la forma de hacerlo es repitiendo mucho las cosas y hacerlas en forma convencional. Para Scorsese escribió música según el guión, cuando usualmente se lleva a cabo hasta que la película está terminada.
En otras ocasiones, muy pocas, ha trabajado la música antes de un baile. El se dirige a la compañía de danza, conoce a los bailarines y trabaja con el coreógrafo sobre la estructura de la pieza.
Philip Glass Es un artista de conciertos y puestas en escena, sin embargo sabe que su futuro tendrá que ser grabado para poderse escuchar después.
El bastión de la música minimalista ha declarado que ésta ha terminado y que ya no tiene rumbo. La nueva generación no tiene que cargar con el peso que tenía la suya. Debe de encontrar su ruta propia.
Sin embargo reconoce que los grupos nuevos tocan mejor las composiciones que sus mismos grupos, ya que en ese tiempo, lo que Glass y su ensamble hacían era experimentar.
La magistral conferencia termina con la frase: “Orión es un factor de cohesión”. Hemos tenido el gran honor de presenciar la charla de uno de los grandes genios musicales del siglo XX, que lo mismo compone óperas que soundtracks, que realiza presentaciones en galerías de arte, desvanes y espacios museísticos, y que ha estado en los rincones más desconocidos para occidente tratando de unir a la gente con su música tejida de pulsos y de notas.
La noche del concierto no culminó con una ovación, sino que continuó. Ésta ya había comenzado momentos antes.