6.3.04

Ayer lo recordé.
Ver la vida a través de otros ojos me hizo recordar cómo era la mía hace muchos años.
Un cuadro lleno de colores, de personajes sonrientes...de miopía.
Pero un día decidí que ese retrato no sería más de esa forma. Decidí transformarlo en una obra de arte, una obra ininteligible, compleja, pero hermosa.
Comencé por borrar todos esos colores, a matizar el fondo de rojo, sabía que al seguir pintando, ese rojo se percibiría hasta atrás, la pasión, la pasión era todo, pero permanecería detrás de todo, después, quise usar las técnicas más diversas, llegué a la conclusión de que con el paso de las pinceladas ni siquiera yo misma reconocería aquello.
Así, la pintura se ha ido creando, en ocasiones el pincel ha plasmado los colores con tanta fuerza que el lienzo ha corrido el riesgo de hacerse pedazos.
Pero el arte siempre ha sido vulnerable al tiempo y a sus influencias.
Hoy el lienzo ya no permite ser visto como era originalmente.
No se ni siquiera si es hermoso.
Pero, sí. Logré que fuera una obra de arte ininteligible y por demás compleja que continúa dibujándose y dibujándose en cualquier segundo y sin volverla a reconocer al siguiente.
Dentro de una galería de excesivo eclecticismo.