1.9.03
El Castillo en las Pozas

"No puedes habitar este lugar... pero podrás permanecer aquí todo el tiempo que quieras"
"Hay puertas gigantes, pero las entradas y salidas son muy reducidos"
"Puedes regresar por donde venías...pero no vas a llegar al mismo lugar donde iniciaste"
Y a pesar de todo, es real.
Muchísimas cosas más me dijo aquél lugar. Creí que sólo existían ese tipo de construcciones dentro de mi cabeza, pero Edward James las puso ahí, para su gusto personal. Tenía que ser un mecenas de arte, millonario, excéntrico y loco para poderlo llevar a cabo, a un arquitecto se lo hubieran comido vivo si hiciese algo así. Y sin embargo, existe, ahí está la muestra. Se llega caminando, se continúa ascendiendo... y los ojos terminan volando. No importaba cuánto se hubiera subido, ni cuánto fuera el cansancio, pero el encontrar cada vez estructuras más surrealistas movía la curiosidad, sólo deseaba seguir subiendo, no me
importaba el vértigo. Si había que escalar, tenía un buen apoyo: mi tripie. Las escaleras seguían ascendiendo, cada nivel lanzaba caminos, y aquellas escaleras nunca terminaron. Todas las formas emulan a la naturaleza, y la hacen evidente. No es arquitectura que se adapte al paisaje, no es arquitectura que dialogue con el paisaje, es todo un conjunto que dialoga conmigo. Un diálogo que hay que escuchar con inocencia y sorpresa, para que aquello no nos canse de seguir conociendo. Es concreto y arcilla sucumbiendo ante las formas naturales, hojas de cemento con pistilos de acero, membranas de tabiques, bambúes sin madera... todo es orgánico. Yo recorría aquél laberinto y se dejaba escuchar agua que caía en grandes proporciones, caminaba y caminaba buscando el origen de aquél sonido, y cuando parecía llegar, seguía enco
ntrándome con aquellas murallas y torres que se fusionaban con los árboles y la vegetación que me decían: “sí vas a llegar ahí, pero espera, mejor mira esto primero”, Veía la cascada enfrente de mí, pero no encontraba por dónde llegar, continué por los caminos que surgían, ya no importaba a dónde fueran, de pronto, por una pequeña reja que mostraba un ojo en su herrería llegué a las caídas de agua. Cada puerta, cada ventana mostraba herrerías distintas, estrellas, círculos... ¿mobiliario?, podría decir que no había, pero subiendo la mirada, se encontraban sillas flotando dentro de aquellos espacios. Era tal el detalle y la despreocupación de James de admiración, que incluso había motivos esculturales en sitios muy oscuros o muy ocultos, hojas, flores, cabezas de
serpiente...todo con toques de jardín inglés y rodeados de la naturaleza. Un sitio al que no se puede más que respetar, porque nos habla de la manera más dulce, que lo que hay en la imaginación, los sueños y las utopías si no se realizan, entonces han de hacerse evidentes.
"Puedes regresar por donde venías...pero no vas a llegar al mismo lugar donde iniciaste"Y a pesar de todo, es real.
Muchísimas cosas más me dijo aquél lugar. Creí que sólo existían ese tipo de construcciones dentro de mi cabeza, pero Edward James las puso ahí, para su gusto personal. Tenía que ser un mecenas de arte, millonario, excéntrico y loco para poderlo llevar a cabo, a un arquitecto se lo hubieran comido vivo si hiciese algo así. Y sin embargo, existe, ahí está la muestra. Se llega caminando, se continúa ascendiendo... y los ojos terminan volando. No importaba cuánto se hubiera subido, ni cuánto fuera el cansancio, pero el encontrar cada vez estructuras más surrealistas movía la curiosidad, sólo deseaba seguir subiendo, no me
importaba el vértigo. Si había que escalar, tenía un buen apoyo: mi tripie. Las escaleras seguían ascendiendo, cada nivel lanzaba caminos, y aquellas escaleras nunca terminaron. Todas las formas emulan a la naturaleza, y la hacen evidente. No es arquitectura que se adapte al paisaje, no es arquitectura que dialogue con el paisaje, es todo un conjunto que dialoga conmigo. Un diálogo que hay que escuchar con inocencia y sorpresa, para que aquello no nos canse de seguir conociendo. Es concreto y arcilla sucumbiendo ante las formas naturales, hojas de cemento con pistilos de acero, membranas de tabiques, bambúes sin madera... todo es orgánico. Yo recorría aquél laberinto y se dejaba escuchar agua que caía en grandes proporciones, caminaba y caminaba buscando el origen de aquél sonido, y cuando parecía llegar, seguía enco
ntrándome con aquellas murallas y torres que se fusionaban con los árboles y la vegetación que me decían: “sí vas a llegar ahí, pero espera, mejor mira esto primero”, Veía la cascada enfrente de mí, pero no encontraba por dónde llegar, continué por los caminos que surgían, ya no importaba a dónde fueran, de pronto, por una pequeña reja que mostraba un ojo en su herrería llegué a las caídas de agua. Cada puerta, cada ventana mostraba herrerías distintas, estrellas, círculos... ¿mobiliario?, podría decir que no había, pero subiendo la mirada, se encontraban sillas flotando dentro de aquellos espacios. Era tal el detalle y la despreocupación de James de admiración, que incluso había motivos esculturales en sitios muy oscuros o muy ocultos, hojas, flores, cabezas de
serpiente...todo con toques de jardín inglés y rodeados de la naturaleza. Un sitio al que no se puede más que respetar, porque nos habla de la manera más dulce, que lo que hay en la imaginación, los sueños y las utopías si no se realizan, entonces han de hacerse evidentes.
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