23.6.03

No hay nada mejor que el autoencarcelamiento, siempre y cuando sea voluntario. El encerrón permite pensar, permite reflexionar, permite planear y permite la libertad... del espíritu. Es económico, pues no hay que pagar por nada que se quiera leer, que se quiera hacer o tener pues ya se tiene a la mano. En mi caso también implica aislamiento, pero he llegado a la conclusión de que cuando se hace callar el mundo exterior, el universo interno empieza a gritar, a expandirse, la creatividad comienza a tener sentido. Y después de todo esto, cuando la conciencia me revela la cárcel física, yo sé que afuera hay un entorno ruidoso al cual regresar en cualquier momento, para escuchar tantos y tan diversos sonidos en todas sus escalas, para conseguir el suficiente aturdimiento... que me aprisionará de nuevo.